Qué feo tener que volver a ti en las mañanas. Los pies y el corazón se sienten pesados. El amanecer me pone de inmediato las esposas en el alma. Siento la asfixia de estar atrapada en esta jaula.
No hay escapatoria de ti. Los alimentos no tienen ya sabor a nada. Mi mirada en el espejo ha perdido toda luz. El baño es el oasis donde busco inútilmente calma. El mismo baño me recuerda que no puedo salir.
El sonido de la tecnología me presiona el pecho. Cada ruido es una mala noticia más que nadie querrá solucionar. Por escrito se preocupan. En vivo cada uno rema su propia barca y se intenta salvar.
Tres años he querido romper estas cadenas. Me das migajas pequeñas y grandes. Las tomo entre mis manos y me hacen quedar un día más. Cada minuto es condena. Cada noche es temor a despertar.
Cada hora es a la vez tortura y alivio que no llega. No puedo respirar. Me ahoga el agua de la ducha. Te empiezo a odiar.
Me dan asco tus paredes, tus traiciones. Me mentiste por años y por ti jamás volveré a confiar. El río de mis lágrimas me dice BASTA. Lleno un papel que es la llave a mi libertad.
Te lo dije hace tres años y ahora de nuevo, esta vez ya sin titubear. Qué placer ver tu cara tan pendeja sin saber qué decir o qué pensar.
No hubo un gracias sincero y no fui tonta en esperar más. Vi tu cara verdadera, la que veladamente intentaste ocultarme una vez más.
Mi libertad es un camino largo. Que aún fue, es y será. Día a día me cuestiono. Día a día tengo que reafirmar.
Me da placer ver, a lo lejos, que te ahogas. Que vendiste tu alma por unos soles más. Te deseo miles de noches en vela. Te deseo reproches, fracaso y soledad.
No le digo a nadie de estas cosas. Pero son obvias para quien sabe mirar.
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