lunes, 31 de enero de 2022

Sombras en la casa

Había sangre en las escaleras. Sangre de niños, casi como si la casa hubiera pedido ese sacrificio a cambio de su inmutable y recién estrenada perfección. Las manchas de la caída infantil quedaron en el cemento nuevo para siempre, como símbolo de propiedad, como señal del lazo oscuro que la casa trazó en ese instante con los niños. Y sobre todo esto fue colocada la madera gruesa que ocultó por muchos años las manchas que eran el pago de la familia por irrumpir en terreno antiguo y sagrado.

Con los años, la niña fue descubriendo nuevos secretos en el laberinto intrínseco que era la casa misma que naturalmente, fueron revelados sólo a ella. Su sentido de intuición y conexión con lo lejano era a esa edad su arma más poderosa y, aunque nueva y no correctamente estrenada, su defensa más fuerte contra las almas que ahí habían habitado por años y que ahora estaban anhelantes por revelarse.





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